28 de septiembre de 2012

Y mientras tanto en el mundo...

Foto: La Ciénaga. Aragua. Venezuela. Autor: T. Evangelista.
       Estimados lectores:

     Muchos de ustedes son compañeros sanitarios, otros son amigos y seguidores. En alguna que otra ocasión he compartido pinceladas con ustedes de mi formación y vida en Venezuela. Anécdotas sobre fiestas, canciones, delincuencia, propiedad privada y misiones sociales.
     En casi todas las oportunidades he escrito que este es un blog apolítico. Pero apolitico no significa sin opinión, sin valores o sin juicio.
     En España, los contemporáneos conmigo y los menores que yo, estamos viviendo un momento inesperado: "Crisis", "austeridad", "medidas", "paro", "pobreza", "exclusión sanitaria"...  Palabras que sólo se manejaban en épocas de post guerra o dictadura. Todos los días hay una nueva noticia de un caso de corrupción. No importa cual partido político o localización geográfica, aquí "en todas partes cocen habas"... De manera descarada y vergonzosa salen a la luz tramas, expolios e irregularidades.  (Y eso que la mayoría de las noticias están manipuladas!).
     Del otro lado del mar, estamos a una semana de las elecciones más importantes que se hayan hecho jamás en Venezuela.
     Como producto de décadas de desvergonzada corrupción, de amiguismos, de excluir deliberadamente al grupo deprimido económicamente, al punto de vivir como si no existieran pobres, de viajes a Orlando, Margarita, "ta' barato dame dos", sinverguenzura, despilfarro, malversación, nula inversión social... un dia explota la rabia contenida y se quiebra la estructura política, sufriéndose un caos que marcará un antes y un después.
 Aparece en escena un grupo golpista que fracasa "por ahora" y  que se transforma progresivamente en un movimiento político.
     La gente está cansada, totalmente desesperanzada. Los pobres se saben invisibles, insignificantes para el resto de la población. El nuevo proyecto ofrece solvencia moral, rescate social, oportunidades para todos, justicia. Una idea, una voz, una imagen, una salida.
     Llega al poder masivamente votado quien atentó directamente -fusil en mano- contra la democracia y al que el pueblo parece haber absuelto con sus votos.
     Los años pasan y progresivamente el poder cambia de bando. Los pobres reaparecen con cargos y protagonismo político. Surgen misiones-panacea financiadas con el excedente de un barril petrolero no contemplado en los presupuestos, el más alto de la historia. 
     Cambia el nombre del país, la bandera, el escudo, la moneda, la hora y hasta la constitución. Cambia el uniforme de los cuerpos de seguridad, de los obreros y empleados públicos. Se tiñe de rojo lo que antes fuera verde o blanco.  Pasa el tiempo, se fomenta la desaparición de la propiedad privada, la expropiación. La empresa más grande de latinoamérica y la más importante del país, con un sistema meritocrático de ascenso y personal especializado, sufre una purga de ideales capitalistas y de empleados independientes.           
     Hay obras importantes que empiezan y así quedan, como el Ferrocarril del Centro. Se inauguran otras, como el Puente Orinoquia. Se miente a destajo. Hay división entre la sociedad, se promueve la violencia, armarse, vigilarse, acusarse. "Ser rico es malo" aunque no se predique con ejemplo. Falta la electricidad, el agua, y especialmente cada vez hay más inseguridad. Más grupos de delincuencia organizada, más asesinatos, más muertes violentas.
     Catorce años después de un gobierno monopartidista, el próximo 07 de Octubre, unas nuevas elecciones.
     La gente está cansada, totalmente desesperanzada. Los pobres se saben  manipulados, sin cambios a largo plazo en sus condiciones, engañados. No queda clase media. Hay miedo, mucho miedo,  no se sabe lo que va a pasar. Muchos queremos creer que "hay un camino".
     En este lado del mar, la España en la que vivo me recuerda a la Venezuela de los ochenta. No es comparación, nada es comparable, pero todo sistema corrupto cae por su propio peso.

     El problema es lo que lo sustituirá.

      No podemos esperar que cambie la historia de un país sólo porque cambia el usuario de una silla presidencial o  los de un congreso de diputados. Hago el paralelismo porque somos pueblos hermanos con vicios en común. Tenemos que cambiar los ciudadanos. La mentalidad y los actos. Tenemos que mirarnos al espejo y asumir nuestras responsabilidades. Cambiar mientras hay tiempo. Protestar, exigir, buscar soluciones, oganizarse, votar, participar, sembrar, educar...

 O aquí como allí, se repetirá la historia.



    

1 comentario:

Guillermo Cabrera Moya dijo...

En una semana veremos lo que el futuro le depara a esa hermosa tierra que tantos canarios ha acogido.

¡¡¡SUERTE!!!!